Industria
El edificio de la antigua fábrica de tejidos, cerrado desde hacía décadas, era una reliquia del auge industrial que había alimentado a la ciudad. Deteriorado y envuelto en sombras, nadie se atrevía a entrar. Pero Marta, una fotógrafa en busca de escenarios únicos, no podía resistir la atracción de aquel lugar.
Con su cámara en mano, Marta cruzó las puertas oxidadas al atardecer. Los rayos de luz se filtraban por las ventanas rotas, creando un efecto irreal en el polvo suspendido en el aire. A cada paso, su cámara capturaba las viejas máquinas, las cintas transportadoras detenidas en el tiempo y las sombras que parecían cobrar vida entre las grietas.
De repente, su lente enfocó algo extraño: una máquina en particular, perfectamente intacta, brillaba como si acabara de ser instalada. Marta se acercó, intrigada. Sobre la máquina, descansaba una fotografía antigua de un grupo de trabajadores, todos con expresiones serias, excepto uno: un hombre con una sonrisa que parecía seguirla con la mirada.
La fotógrafa retrocedió, inquieta. Cuando volvió a mirar por el visor, el hombre de la fotografía ya no estaba allí. En su lugar, una silueta oscura se movía entre las sombras del fondo de la fábrica.
Los pasos de Marta resonaron con fuerza mientras intentaba salir del edificio. Cuando por fin llegó a la puerta, giró para echar un último vistazo. En su cámara, una nueva fotografía se había tomado sola: la fábrica estaba vacía… salvo por una figura sonriente que la observaba desde una de las ventanas.
Marta no volvió a entrar en edificios abandonados, pero su fotografía del hombre en la ventana se convirtió en una obsesión para quienes buscaban desentrañar los secretos de la vieja fábrica. ¿Quién era? ¿Y por qué seguía allí, atrapado en una imagen que nadie podía explicar?